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    Agua inteligente: El papel del agua y la tecnología en la seguridad alimentaria

    Melvin Kay, Consultor independiente en gestión agrícola del agua, RTCS Ltd. Reino Unido
    octubre 01, 2011

    La reciente hambruna causada por la sequía en África oriental subrayó la necesidad de hacer un uso más inteligente de los recursos hídricos y, en la medida de lo posible, disponer de más agua para la producción de alimentos. Tecnologías inteligentes de gestión del agua sentarán las bases para alcanzar esos objetivos.

    El agua es esencial para cultivar, pero en general, no nos damos cuenta de las grandes cantidades que insume la agricultura. El crecimiento masivo de la población mundial y el cambio climático están acentuando la competencia por los limitados recursos hídricos.

    Pese a la gravedad de los problemas, hay motivos de optimismo. El riego moderno es uno de los aportes idóneos de las últimas décadas. A escala mundial solo se riega el 20% de la tierra cultivada, pero basta para producir más del 40% de los alimentos y fibras que el mundo necesita. Grandes proyectos de riego en la China, la India, Indonesia y Pakistán permitieron alimentar a millones de personas que de otro modo hubieran muerto de hambre. La revolución verde de las décadas de 1960 y 1970, que se centró en el riego del arroz, impidió una hambruna inminente en Asia. Aún queda potencial para ampliar la agricultura de riego y en muchos países menos adelantados (PMA) se podría aprovechar gran cantidad de agua de lluvia mediante prácticas de agricultura de conservación y riego suplementario.

    Ahora bien, ir más allá de la simple agricultura de secano y aprovechar recursos hídricos para la producción de alimentos requerirá importantes inversiones en tecnologías para almacenar agua, medir y controlar los flujos para el riego, sacar agua y recabar datos sobre las decisiones de gestión que se tomen. Muchos PMA carecen de la infraestructura e inversión necesarias. El problema fue exacerbado a causa del desinterés de los donantes de ayuda por las tecnologías de gestión del agua en los 30 últimos años, tras las desalentadoras inversiones en riego de las décadas 1960 y 1970. En la gestión del agua, la tecnología es fundamental y necesaria para el funcionamiento de cualquier sistema de riego.

    El contexto es todo 

    Los grandes sistemas de riego públicos dependen de la tecnología para distribuir el agua a los agricultores, pero su alto costo, la preocupación por la sostenibilidad social y ambiental, así como la falta de beneficios para los agricultores más pobres enlentecieron su evolución en los últimos años. En muchos PMA, la atención dejó de focalizarse en la tecnología de dichos sistemas para centrarse en los minifundistas cuyo sustento depende de la agricultura. Los minifundistas representan casi el 80% de la población de África y Asia. Dependen de pequeños huertos y explotaciones familiares, por lo general de menos de una hectárea, donde practican la agricultura de riego o de secano.

    La tecnología puede reducir mucho la pesada carga de sacar agua y utilizarla en los cultivos en forma adecuada y oportuna. Las tecnologías apropiadas deben ser sencillas, fiables, fáciles de mantener y sensibles a las necesidades concretas de las mujeres que representan dos tercios de la población de zonas con estrés hídrico. La elección de la tecnología no es determinada tan solo por la función, pues el contexto desempeña un rol crucial: quién la empleará, dónde y cómo.

    En lo que respecta a la agricultura de secano, sobre todo en el África subsahariana y Asia meridional, se pueden hacer mejoras sustanciales. La explotación de ese potencial requiere estrategias innovadoras de gestión de los excesos repentinos de agua y los frecuentes períodos de sequía. Las tecnologías no son nuevas; integrar la gestión del suelo y el agua centrada en la fertilidad del terreno, mejorar la infiltración del agua de lluvia y almacenar agua contribuyen a reducir considerablemente las pérdidas hídricas y mejorar el rendimiento y la productividad del agua. La estrategia consiste en obtener ‘más cultivo por gota’. El mayor potencial de mejora se encuentra en aquellas zonas donde hay más hambre y pobreza.

    Beneficios de las tecnologías existentes 

    Quizás, la mayoría de los beneficios provenga de la promoción y el uso de tecnologías existentes y su adaptación a circunstancias nuevas, antes bien que del desarrollo de nuevas tecnologías.

    El almacenamiento de agua tiene el máximo potencial de ofrecer más agua para alimentos, recogiéndola cuando abunda y suministrándola cuando escasea. Aparte de los diques, el almacenamiento también supone mantener el agua de humedales y embalses naturales, acuíferos superficiales y subterráneos, así como en pequeños depósitos y estanques. Muchos minifundistas compran bombas y explotan el agua subterránea para no depender de la incertidumbre del agua canalizada. El reto consiste en encontrar formas de reinventar el riego canalizado y lograr que sea tan eficiente como aquel de aguas superficiales.

    Modernas tecnologías de riego, como la aspersión y el micro-regadío, se pueden adaptar a los minifundios, en particular, allí donde escasea el agua y los agricultores producen cultivos comerciales de alto valor.

    La introducción de las bombas a pedal inventadas en Bangladesh revolucionó la forma de sacar agua, al igual que la disponibilidad de baratas y pequeñas bombas de petróleo, diesel y eléctricas, junto con el desarrollo de tecnología barata de perforación de pozos y electrificación rural, y la energía subvencionada. Ahora bien, esas innovaciones pueden dar lugar a una explotación excesiva.

    El potencial de las tecnologías de la información y las comunicaciones 

    Un uso más creativo de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) puede facilitar la gestión inteligente del agua. Los teléfonos celulares permiten suministrar información valiosa y asesorar a agricultores de lugares apartados.

    La tecnología del sistema de información geográfica es otra herramienta útil que, entre otros, permitió localizar más de 6.000 depósitos de agua tradicionales en una sola subcuenca del Krishna. Si se rehabilitaran para recoger tan solo entre el 15% y el 20% del agua de lluvia local, permitirían ampliar un 50% la zona de riego de la región.

    Financiación 

    Una financiación adecuada es fundamental. En la década de 1970, algunos gobiernos asiáticos iniciaron su revolución verde dedicando a la agricultura el 15% de su presupuesto anual. El Banco Mundial estima que un aumento del 1% en el PIB agrícola de África reduciría la pobreza entre tres y cuatro veces más que un aumento del 1% del PIB en otros sectores. No obstante, los países donantes asignan a la agricultura menos del 5% de su ayuda para el desarrollo.

    Las crisis alimentarias de los últimos años contribuyeron a que la agricultura ocupara un lugar más destacado el orden del día mundial y la comunidad internacional está empezando a renovar su compromiso con la gestión del agua para la agricultura. La tecnología puede aportar herramientas para esa tarea; corresponde a minifundistas, investigadores, formuladores de políticas, gobiernos y demás partes interesadas encontrar la forma de emplearlas con idoneidad para que hagamos un uso más inteligente del agua.

    Resumen de la publicación de la UNCTAD Water for Food - Innovative water management technologies for food security and poverty alleviation (2011). 

     

    AGUA
    Datos de archivo 

    •    La agricultura insume el 70% del agua extraída de ríos y acuíferos en todo el mundo.

    •    En término medio, la dieta europea requiere unos 3.500 litros de agua por día: de dos a cinco para beber, 150 para lavarse, cocinar y limpiar, y el resto para producir alimentos.

    •    En África septentrional, Asia meridional y África subsahariana, millones de personas tienen que sobrevivir con menos de 1.000 litros diarios.

    •    Más de 1.400 millones de personas viven en regiones con estrés hídrico y se prevé que en 2025 esa cifra ascenderá a 3.500 millones.

    •    Más del 20% de los ríos del mundo se seca antes de llegar al mar.

    •    A escala mundial solo se riega el 20% de la tierra cultivada, pero basta para producir más del 40% de los alimentos y fibras que el mundo necesita.