Los beneficios que se consiguen mediante ese cumplimiento pueden
ser enormes y justificar los esfuerzos que requiere obtener la
certificación.
Las normas voluntarias (o 'privadas') son elaboradas por
entidades no gubernamentales o iniciativas en las que participan
múltiples partes interesadas. Algunas de las más conocidas son las
de FLO, Certificación Orgánica, Alianza para Bosques y GlobalG.A.P.
A diferencia de las normas estatales que pueden ser obligatorias o
voluntarias, las normas privadas son voluntarias por
definición.
Los objetivos y el ámbito de aplicación de las normas
voluntarias varían ampliamente, algunas rigen para un solo producto
básico y otras para docenas de productos. También tienen diversos
objetivos tales como proteger los derechos sociales, garantizar el
precio mínimo, conservar el medio ambiente, promover buenas
prácticas agrícolas, regular el suministro o garantizar la
inocuidad de los alimentos.
A partir de la década de 1990, las normas voluntarias cobraron
mayor importancia en el comercio internacional y se cumplen en un
porcentaje considerable de las exportaciones agrícolas. En muchas
categorías, las tasas de crecimiento de los mercados asociados que
reivindican la sostenibilidad fueron el doble o el triple de
aquellas de los mercados 'convencionales'. Por ejemplo, las ventas
de productos orgánicos certificados duplicaron entre 2002 y 2007, y
las de productos con etiquetado de comercio justo -sobre todo
plátanos, flores, azúcar y café- aumentaron un 38% entre 2003-2004
y 2007-2008. Aunque las tasas de crecimiento son altas, estos
mercados siguen representando sólo un pequeño porcentaje del
comercio mundial de esos artículos. Según la Comisión del Codex
Alimentarius, en 2000, las etiquetas propias de empresas
contabilizaron el 14% y en 2010 casi el 22% del total de ventas de
alimentos al por menor a escala mundial.
Ahora bien, ¿en qué medida productores y exportadores se
benefician cumpliendo con las normas voluntarias? Aunque los
resultados de estudios de evaluación del impacto aún no son
concluyentes y, por lo general, las investigaciones no contienen
datos comparables, cumplir con las normas voluntarias puede
beneficiar a productores y exportadores de muchas maneras. Al
cumplir con los requisitos de certificación, los productores
mejoran sus sistemas de gestión y seguimiento, aumentan la
productividad, se ciñen a buenas prácticas agrícolas, mejoran la
gestión de los recursos y tienen mayor acceso al crédito. Este
último es fundamental para prefinanciar los costos de la
certificación e invertir en insumos y equipos agrícolas. Habida
cuenta de las dificultades con que tropezaban los pequeños
agricultores para acceder al crédito, las cooperativas empezaron a
otorgar créditos con intereses razonables a sus miembros utilizando
un porcentaje de la prima de comercio justo.
El cumplimiento de normas voluntarias también puede facilitar
una integración más sólida en las cadenas de valor mundiales, pues
ofrece posibilidades de mejorar el procesamiento posterior a la
cosecha, la calidad del producto y la capacidad de oferta.
Investigadores y profesionales coinciden en que las normas
voluntarias son una herramienta para mejorar las economías
familiares y fomentar las oportunidades de exportación en los
países en desarrollo, pero las circunstancias concretas de los
productores y las opciones de certificación al alcance de la mano
son las que determinan en gran medida si la certificación de una
norma voluntaria vale la pena.
Dado que los recursos necesarios para cumplir con una norma
dependen de varios factores, y pueden ser sustanciales, en primer
lugar, el productor tiene que determinar si la certificación vale
la pena en función de sus mercados y las características de su
empresa y, de ser así, qué norma representa la mejor opción. Por
ejemplo, una cooperativa de productores de cacao orgánico de Ghana
tenía dificultades para vender su producto como certificado y se
vio obligada a almacenar el cacao en 2009. Los pequeños
agricultores se encontraron en una situación muy difícil, pues el
costo por unidad era más alto y no podían aprovechar las economías
de escala. De ahí que GlobalG.A.P. y otros organismos adoptaran
sistemas de certificación en grupo que permiten a pequeños
productores formar un colectivo y compartir los costos de
certificación. Dichos colectivos pueden mejorar las actividades de
intercambio de conocimientos, así como facilitar la formación
conjunta y la colaboración en el cumplimiento de requisitos. Es
fundamental que los productores reciban formación, información
crítica y herramientas para tomar decisiones a fin de que conozcan
las principales diferencias que existen entre las normas
voluntarias, las evalúen y opten por las más adecuadas en función
de sus propias circunstancias.
Las normas voluntarias cobran mayor sentido cuando ofrecen a los
productores la posibilidad de integrarse en las cadenas de valor
mundiales, mejorar la predictibilidad de los ingresos y entablar
relaciones más estrechas con los compradores ofreciéndoles mejores
oportunidades. Los mercados de productos básicos 'sostenibles'
tienen poco potencial de beneficiar a los productores que cumplen
con las normas voluntarias. De ahí que el papel de minoristas,
fabricantes e importadores sea crucial para determinar el éxito de
las normas voluntarias.
Las instituciones nacionales son otro elemento importante del
apoyo a productores y exportadores, pues pueden desempeñar un papel
activo en facilitar y/o coordinar los esfuerzos para aumentar la
capacidad de unos y otros de cumplir con las normas voluntarias.
Esto último puede incluir la formación en buenas prácticas de
producción, gestión agrícola productiva y eficiente, y competencias
empresariales en general como la gestión del riesgo financiero.
Encuestas realizadas en Zambia, Kenya y Uganda sobre los
minifundistas de la cadena de cultivos certificados para
exportación de GlobalG.A.P. revelaron una mejor calidad del
producto, un mejor conocimiento del uso de plaguicidas y mayores
beneficios de la gestión agrícola. Uno de los resultados más
importantes de la certificación forestal en Bolivia fue la
eliminación de la mala administración financiera, lo que redundó en
una gestión eficiente y transparente de los recursos de los
aserraderos. La participación en el comercio justo permitió a los
miembros de la Unión Cooperativa Kagera de Tanzanía adaptarse mejor
a las demandas del mercado y saber cómo acceder a mercados
orgánicos y gourmet. Los cafetaleros bolivianos que participan en
el comercio justo perfeccionaron el manejo del negocio, gracias a
un mejor conocimiento de los procesos de producción, tras haber
participado en actividades de procesamiento y formación sobre
mercados del café, gestión administrativa y gestión financiera.
El apoyo institucional puede propiciar organizaciones nacionales
y regionales de productores, mejorar infraestructuras y la toma de
decisiones estratégicas suministrando a los productores información
crítica sobre mercados. También es importante facilitar más el
acceso de productores y exportadores al crédito, los servicios
nacionales de extensión, los equipos para pruebas y las
instalaciones de laboratorio, así como apoyar la sanción y el
cumplimiento de normas nacionales en materia de exigencias del
mercado.
En algunos sectores, la producción y el comercio certificados ya
sobrepasaron determinados nichos del mercado y es probable que esas
tasas de crecimiento persistan. Un mayor conocimiento y una mejor
comprensión de la influencia que ejercen las normas voluntarias en
las exportaciones de los países en desarrollo, así como de los
riesgos y oportunidades que conllevan son cruciales en la
formulación de políticas y el diseño de mecanismos de apoyo que
permitan a productores y exportadores manejarse efectivamente con
este nuevo paradigma del comercio.
El ITC pondrá a disposición una herramienta de análisis de
normas voluntarias (privadas), basada en la web y denominada
StandardsMap. Allí se centralizará, organizará y difundirá
información sobre dichas normas y el resultado de investigaciones
al respecto para ampliar la capacidad de productores y exportadores
de participar en una producción y un comercio más sostenibles.
OBTENER LA CERTIFICACIÓN
Cinco pasos para
Las etapas de la certificación varían según la norma, pero estos
pasos ofrecen información básica sobre el modo de obtenerla.
- Identifique los organismos de certificación que operan en el
país o la región. En los sitios web de las organizaciones que
elaboran estas normas encontrará información sobre los organismos
de certificación acreditados. Póngase en contacto con uno o varios
de los organismos que prestan servicios de certificación de la
norma en cuestión.
- Solicite una primera estimación del costo y el tiempo necesario
para obtener la certificación. Decida con qué organismo de
certificación quiere operar.
- Algunas normas estipulan la autoevaluación de la situación de
la unidad de producción respecto a los requisitos de la
certificación. Hágala y presente los resultados al organismo de
certificación. Prepararse para la inspección.
- Auditores del organismo de certificación visitan las
instalaciones y hacen una auditoría inicial de certificación para
evaluar el cumplimiento de los requisitos de la norma.
- A partir de los datos recabados en esa auditoría, el organismo
de certificación toma su decisión y si se cumplen con los
requisitos, emiten el certificado.
DATOS Y CIFRAS
Certificación
Alrededor del 22% de las exportaciones mundiales de plátanos
está certificado. (Giovannucci, Conferencia de la Alianza ISEAL,
2010)
Mars se comprometió a certificar todo su suministro de cacao
para 2020. (Mars Corp, 2010)
Casi el 50% del café certificado de comercio justo también es
certificado orgánico. (Annual Report 2009, FLO)
El objetivo para los miembros de la Unión Europea es llegar a un
50% de 'contrataciones públicas ecológicas' a fines de 2010.
(Comisión Europea, 2010).
StandardsMap se abrirá al público a principios de 2011, será
accesible desde el Portal de Análisis de Mercados y complementará
las otras herramientas de análisis de mercados del ITC.